Affichage des articles dont le libellé est rue Dauphine. Afficher tous les articles
Capítulo 27: Rue Dauphine
—No me lo perdonará nunca, aunque no hablamos de eso. Él lo sabe porque vio la muñequita y vio los alfileres. La tiró al suelo, la aplastó con el pie. No se daba cuenta de que era peor, que aumentaba el peligro. Pola vive en la rue Dauphine, él iba a verla casi todas las tardes. ¿Le habrá contado lo de la muñequita verde, Ossip?
—Muy probablemente —dijo Ossip, hostil y resentido—. Todos ustedes están locos.
Julio Cortázar. Rayuela.
Fotos de Carlos Mal.
París, 2013.
Capítulo 36: Rue Dauphine
La rue Dauphine no quedaba lejos, a lo mejor valía la pena asomarse a verificar lo que había dicho Babs. Por supuesto Gregorovius había sabido desde el primer momento que la Maga, loca como de costumbre, iría a visitar a Pola. Caritas. Maga samaritana. Lea «El Cruzado». ¿Dejó pasar el día sin hacer su buena acción? Era para reírse. Todo era para reírse.
Julio Cortázar. Rayuela.
Fotos de Carlos Mal.
París, 2013.
Julio Cortázar. Rayuela.
Fotos de Carlos Mal.
París, 2013.
Capítulo 64: Rue Dauphine
La rue Dauphine de tiza gris, la escalera aplicadamente tizas pardas, la habitación con sus líneas de fuga astutamente tendidas con tiza verde claro, las cortinas de tiza blanca, la cama con su poncho donde todas las tizas ¡viva México!, el amor, sus tizas hambrientas de un fijador que las clavara en el presente, amor de tiza perfumada, boca de tiza naranja, tristeza y hartura de tizas sin color girando en un polvo imperceptible, posándose en las caras dormidas, en la tiza agobiada de los cuerpos.
Julio Cortázar. Rayuela.
Fotos de Carlos Mal.
París, 2013.
Capítulo 64: boulevard Saint-Michel y rue Dauphine
"—¿Vos también sos de tiza?
Pero Pola no le contestó, y él le puso el brazo sobre los hombros y caminaron Boul’Mich’ abajo y Boul’Mich’ arriba, antes de irse vagando lentamente hacia la rue Dauphine. Un mundo de tiza de colores giraba en torno y los mezclaba en su danza, papas fritas de tiza amarilla, vino de tiza roja, un pálido y dulce cielo de tiza celeste con algo de verde por el lado del río. Una vez más echarían la moneda en la caja de cigarros para detener la fuga de la catedral, y con su mismo gesto la condenarían a borrarse para volver a ser, a irse bajo el chorro de agua para retornar tizas tras tizas negras y azules y amarillas."
Julio Cortázar. Rayuela.
Fotos de Carlos Mal.
París, 2013.
Capítulo 92: Rue Dauphine
La segunda vez fue en la pieza de Pola, en la rue Dauphine. Si algunas frases habían podido darle una idea de lo que iba a encontrar, la realidad fue mucho más allá de lo imaginable. Todo estaba en su lugar y había un lugar para cada cosa.
Capítulo 103: Rue Dauphine
Horacio se mantenía inmóvil, la cabeza un poco levantada o apoyada en el puño, el cigarrillo colgando. A las tres de la mañana la rue Dauphine callaba, la respiración de Pola iba y venía, entonces había como un leve corrimiento, un menudo torbellino instantáneo, un agitarse interior como de segunda vida, Oliveira se enderezaba lentamente y acercaba la oreja a la piel desnuda, se apoyaba contra el curvo tambor tenso y tibio, escuchaba.
Julio Cortázar. Rayuela.
Fotos de Carlos Mal.
París, 2013.
Capítulo 108: Rue Dauphine
—Contame de Pola —repitió la Maga, golpeándole el hombro con el revés de la mano.
—Pura pornografía —dijo Oliveira—. No te va
a gustar.
—Pero a ella seguramente que le contaste de nosotros.
—No. En líneas generales, solamente. ¿Qué le puedo contar? Pola no existe, lo sabés. ¿Dónde está? Mostrámela.
—Sofismas —dijo la Maga, que había aprendido el término en las discusiones de Ronald y Etienne—. No estará aquí, pero está en la rue Dauphine, eso es seguro.
—¿Pero dónde está la rue Dauphine? —dijo Oliveira—.
Julio Cortázar. Rayuela.
Fotos de Carlos Mal.
París, 2013.